LA LEY SECA. EL CÓCTEL Y EUROPA

En los primeros años del siglo XX, los vientos cambian. Por un lado, la creatividad se contagia también a otros lares, como el mítico Raffles Hotel de Singapur, donde Ngiam Tong Boon creó la receta del Singapur Sling en 1915. Por otro lado, a partir de 1919 la Ley Seca con la cual Estados Unidos prohibió la producción y el consumo de bebidas alcohólicas, marcó una época, condicionando los usos y costumbres de los americanos y acabando con resultados opuestos a la intención de la ley. En aquellos años de represión, de hecho, la coctelería se transformó en un volcán de creatividad y las capitales del cóctel se trasladaron a La Habana, Londres, París… De 1920 a 1950, Cuba se convirtió en la pequeña París del Caribe, destino predilecto de la ‘jet set’ internacional y de los amantes del buen beber. El estilo y el tipo de barman de aquellos años de oro fueron legendarios. Maragato, Donovan, Constante, Woelke, Manteca, Kaufman, Meilan, Maya, Vázquez, Fuentes fueron algunos de los nombres más famosos de una serie de artistas de la coctelería que llegaron a la isla de muchos lugares a principios del siglo pasado.

El más alabado fue Constantino Ribalaigua Vert, conocido como Constante. Español e hijo de pescadores, empezó como camarero y llegó a adquirir en 1918 un bar anónimo, transformándolo en el mítico Floridita, cuna del Daiquiri y punto de encuentro de gente importante. Después, fue Antonio Meilan el que perpetuó la tradición del Daiquiri en el Floridita y quien revisó la receta de Papa Doble, la variante del Daiquiri ideada por Constante para Hemingway.

El prohibicionismo contribuyó a la difusión de la coctelería también en Europa. El Bar Americano del Hotel Savoy de Londres, regentado por Harry Craddock, y el Harry’s New York Bar de París se convirtieron en puntos de referencia también para los ricos neoyorquinos que, con ganas de tomar un cóctel en público, se podían permitir el lujo de ir a Europa, donde se encontraban, entre otros, con los mejores barmans americanos, que emigraron al Viejo Contiente a la espera de tiempos mejores. El primero en inagurar el éxodo fue Harry MacElhone, para el cual la coctelería era una exigencia del espíritu. Cuando la nueva ley le ató las manos, se mudó a Londres, llevando la estela del Ciro’s Club, donde por ejemplo creó el White Lady (ginebra, zumo de limón y Cointreau). De Londres se trasladó al París de los años 20, donde la revolucióna demás de a la literatura, la pintura y la escultura, también afectó a la coctelería. Tras la barra del Harry’s New York Bar, creó por el ejemplo el Sidecar, la versión francesa del White Lady, que sustituye la ginebra por el coñac, en honor a la nueva patria de la coctelería y en nombre del vehículo que en aquel tiempo había empezado a circular por los bulevares. El local fue el corazón palpitante de la capital francesa, como demostró otro gran profesional, Fernand Petiot, que en el mismo bar dió vida en 1921 al Bloody Mary. Debido a la creatividad de la época, en París los barmans además de realizar cócteles, escribían. En 1927, por ejemplo, el célebre Torelli publicó “900 recetas de cóctel”.
En un arrebato de vitalidad a ritmo de jazz, en 1933 el prohibicionismo llegó a su fin. El punto final lo puso Roosevelt, sirviéndose su primer Martini en la Casa Blanca. En París y Londres los barmans americanos preparaban su regreso. Con ellos se marcharon varios profesionales europeos, como Fernand Petiot, al que abrieron las puertas del King Cole Grill del Hotel Saint Regis de Nueva York, a donde llevó consigo su creación, el Bloody Mary, con el nuevo nombre de Red Snapper.